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90. P.S. I Love You

No, no fui al aeropuerto. Ni yo quería, ni ella quería. Y sí, nos mandamos algunos mensajes más después que la dejé en su casa. Y que todos me pregunten “¿y ahora qué vas a hacer que no está?” tampoco ayuda demasiado. Diría Majo, una amiga, que se vaya al mes de haber empezado a salir es como un asesinato al enamoramiento. Y tiene razón.

Pero… por otro lado, ¿había otra cosa para hacer? No, ninguna. Ella no se iba a quedar, ni yo la iba a seguir, ni nada. Así que ahora a pasar el maldito calendario lo más rápido posible, para que los 84 días se transformen en 30, en 10, en 2.

Por si fuera poco el domingo cuando se fue, por alguna extraña coincidencia del destino, me la pasé solo en casa. Mis padres seguían afuera, y mi hermana aprovechó para escaparse por ahí con su -ahora ya no ex- novio. Así que como venía gente a arreglar unas cosas en casa, me tuve que quedar. Y no fue nada divertido. Por suerte ahora los días son más cortos, la única ventaja para que 80 y tantos días se vayan más rápido.

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68. Good Morning, Good Morning

Digamos que si hay que elegir, enero no entra ni en el top ten de los mejores meses de cumpleaños. Creo que solo pierde por febrero, y porque tiene menos días y siempre está el problema ese de que si naciste en 29 de febrero andá a saber cuándo cumplís. Solo por eso. Sin embargo, para variar, el destino eligió enero, y acá estoy.

Porque no hubo etapa -hasta ahora- de mi vida donde el cumpleaños no fuera un problema. Hasta los aproximadamente los 10 años, nunca hubo demasiados rubros para regalos de cumpleaños elaborados. Es decir, Navidad, Reyes… ¿quién tiene recursos para seguir regalando? (niños que leen esto: no intenten comprenderlo). A partir de los 10, si bien uno empieza a tener amigos de la escuela y eso, la cosa no mejoró sustancialmente: ponele que ahora habían regalos (aunque fueran lápices mecánicos), pero lo que no había eran niños. Todos estaban de vacaciones, así que durante mucho tiempo me vi “obligado” a festejar el cumpleaños en una especie de 2×1 con el de mi hermana, a fines de marzo. Un fiasco.

De adolescente y joven la cosa no cambió demasiado, fundamentalmente porque aunque quizás había algún amigo en la vuelta, yo intentaba estar afuera en enero (es lo que tiene, enero, playa, cocos, palmeras, cha cha cha). Así que entrado en la era celular, lo único que empecé a tener fueron mensajes de texto felicitándome y preguntándome si lo iba a festejar. Sí claro… solo que estoy a 400 km de distancia. Ni hablar cuando tuve la oportunidad de pasar algún enero en Brasil, menos que menos la opción de festejo.

Sin embargo… sin embargo siempre me gustó mi cumpleaños. Nunca hice grandes cosas (por obvias razones estimados), pero igual me divierto. Si estoy hago algo, unas hamburguesas, tomamos algo, salimos por ahí, quizás hasta un fogón en la playa. Super loco. El cumple del año pasado lo pasé la mitad en un avión, la mitad haciendo tiempo en el aeropuerto de Barajas, intentando llegar finalmente a Barcelona. Y ahora, que es mi cumple, como que tampoco tengo demasiadas ganas de nada. Ni ganas, ni recursos como para cocinar nada, ni nada.

Así que simplemente, feliz cumple para mí… tocaría el feliz cumpleaños con la guitarra, pero todavía no lo sé. Tiempo al tiempo. Quizás para el año que viene.

46. All Together Now

Desde que volví del viaje (en realidad desde antes de emprender mi vuelta, para ser justos con la cronología), no pasa un día en que no piense en volver. Sé que acá tengo muchas cosas interesantes (como algo de mi familia, algunos amigos, conocer un par de chicas más que me dejen por sms, etc.), pero como que las ganas de irme no se cansan de volver. Siempre me sentí muy poco oriental, y muchísimo más latino, más italiano por ejemplo.

Por eso desde que llegué, desde que volví y me instalé en mi viejo cuarto, no hago otra cosa que ahorrar. Sí, claro que salgo y vivo mi vida (que de hecho es bastante más cara quizás que cuando vivía en pareja), pero hay un rincón de la casa que alberga pesos, dólares, y euros, esperando algún día ser juntados para volver a viajar. Y no hablo de viajar y volver. No, las ganas que llegan cada mañana son las de viajar y no volver… claro que a veces se encuentran con el miedo del mediodía y los planes se van al garete. Para la tarde las ganas y los miedos se fueron, y vuelvo a empezar. Un día sí y otro también. Claro que la objetividad prima, y sé que no es el mejor momento como para irme sin nada, que Europa está en la mar de problemas, y que no sobreviría un mes en Londres con mi ahorros. Quizás por eso me quedo. Lo que pasa es que el destino me tienta.

El fin de semana vinieron mis tíos y mi prima a casa, creo que sin razón alguna más que tomar café y comer unas masitas. También se entregaron regalos atrazadísimos de cumpleaños, pero no creo que esa fuera la justificación. El punto es que en la sobremesa mi tía me empezó a preguntar insistentemente por mi viaje, por los gastos que había hecho, por los lugares que había estado. Aparentemente Sofía (mi prima, su hija) tenía una oportunidad para irse con el colegio por un mes de intercambio a Alemania, por el módico precio de 3.000 euros, all inclusive. Y como su regalo de 15 años era un viaje que, todavía, no se concretó, estaban pensando seriamente prenderse en ese intercambio, pero claro… 3.000 euros. Más que suficiente para recorrer mucho más que Alemania. Sobre todo cuando le dije que yo, en mis tres meses, había gastado (teniendo en casi todos los lugares una casa donde quedarme, que generalmente es lo más caro) unos 800 euros.

– ¿Te das cuenta que es más productivo mandarla contigo que pagar el intercambio del liceo este?
– …

Como punto de partida en esa macabra conclusión, toda la familia en la mesa empezó a nombrar los lugares donde tenemos familiares/amigos directos. Alemania, Austria, Italia, España, Inglaterra, Suiza, Suecia, Holanda, Francia… No sé de dónde había tanto entusiasmo por parte de todos, pero en pocos minutos (o en muchos que pasaron rapidísimo) prácticamente teníamos armado el itinerario, los lugares que teníamos que visitar, cuándo más o menos debíamos salir.

– Bueno, todo pronto entonces. Yo hablo con mi amiga, que es la dueña de una agencia de viajes, y le digo que les consiga los pasajes más baratos… ¿alguna fecha en especial Pablo?
– Pues si fuera por mí, en enero está bien
– Perfecto!

Y ahora a atomizar a mí tía para que consiga eso. ¿Será quela segunda es la vencida?

0. ¿Y esto?

Hacía una semana que me habían despedido (de hecho, el viernes pasado). No era una cosa que no viera venir, pero igual… uno siempre intenta que no pase. Que la crisis, que igual seguimos en contacto, que me están metiendo presión de otros lados, etc. Creo que ni siquiera había tenido tiempo de asimilarlo del todo, porque con la indemnización y el seguro por estar desempleado igual podía tirar algunos meses sin problemas financieros.

El celular empezó a sonar en algún lado de la casa que no era el cuarto, y en ese momento me dí cuenta de que Lorena se lo había olvidado otra vez. Ni me inmuté. A los cinco minutos volvieron a llamar, pero yo tenía otros planes. Al punto de que salí a correr (entendí sabiamente que si no me ponía a hacer algo me iba a volver loco), volvi, me bañé… y ya ni me acordaba del celular. Hasta que terminando unos diseños en la pc volvió a sonar, pero esta vez un mensaje. Me di cuenta que Lore ya estaba conectada desde el trabajo, así que me paré a buscarlo para decirle de quién eran las llamadas y los mensajes, a ver si le interesaba ponerse en contacto con ellos. Pero cambié de idea cuando el mensaje de un tal Diego decía algo así (perdonen que no me lo acuerde exactamente de memoria): “divina, qué pasa que no me atendés? Me encantó verte ayer porque cuando no te veo me quedo medio loquito. Hoy te paso a buscar como siempre? Te extraño”. ¿Y esto?

En milésimas de segundo pasaron doscientas cosas por mi cabeza. ¿Quién es Diego?, Lorena no conoce a ningún Diego, ¿qué es eso?, ¿desde cuándo lo ve?, seguro que no es así… volví a sentarme en mi escritorio y me dispuse a disipar todas mis dudas lo más rápido posible.

– ¿Quién es Diego A.?
– Un amigo
– ¿Un amigo?, ¿me estás tomando el pelo?
– …

Triiin… nuevo mensaje de Dieguito “Me encanta estar contigo. Me exitás un montón! Ya quiero verte!

– Un amigo que escribe estas pajereadas? ¿De qué me estás hablando?
– Te llamo
– Andate a la mierda

En esos momentos partí en dos la hermosa tapida del celular que con tanto amor y cariño le había regalado hace como medio año a Lorena. Y acto seguido me desconecté de la Red. Llamó Lorena a casa llorando, que estaba confundida, que era una pendeja… corté el teléfono en la mitad de la conversación. ¿En qué momento se me había descalabrado tanto la vida?

Salía de casa cuando ahora sonaba mi celular. En todo el lío que había armado en casa me costó encontrarlo y cuando vi que decía “Desconocido” casi no atiendo (basta de malas noticias!). Pero igual atendí: me avisaban que el lunes debía pagar la primera cuota del préstamo que había pedido para los anillos y parte de la fiesta. Mierda! ¿Cómo si hace dos semanas estaba en la cama haciendo la lista de invitados para mi casamiento, hoy estaba en este nivel?

Murmuré alguna que otra cosa, corté y me fui a caminar un poco porque necesitaba aire y rápido. Hermosa manera de empezar un fin de semana.