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91. All You Need Is Love

Me levanto como cualquier día. No como cualquier día, en realidad es lunes, y por alguna extraña razón tengo como que pila de energías. Mientras todavía disfruto del calor de la cama (cosa que contrariamente a lo que cualquiera podría pensar, sí me gusta), pienso seriamente en si es un día ideal para empezar de nuevo con la bicicleta. Sé que hace muchísimo frío, y hay bastante viento. La duda me gana cada vez más (y por alguna tarita que tengo, si no arranco el lunes, no arranco jamás en lo que queda de la semana), y estoy a punto de dejarme vencer. Así que finalmente me levanto de la cama, y lo primero que hago es ver los correos y eso. No vaya a ser que tenga algo urgente para hacer y yo ande dándole pedal a la vida.

Veo mi cuenta de gmail, veo mi cuenta de hotmail, varias otras cuentas más, chequeo facebook solo por hacer tiempo, y abro el msn. Y ahí llega. Bendito el msn que permite los mensajes aún cuando estás desconectado.

Pablo, sé que estas durmiendo porque creo que son como las 6 de la mañana en Uruguay. Pero acabo de llegar a Barcelona y nada, te quería decir que me encantó tu carta. Fue perfecta. Sos divino. Divino, divino. Me gustaría haberme traido mi celular para ahora mandarte algún mensaje, pero bueno… lo mejor que puedo hacer es dejarte muchos besos por acá.

Y… bueno, cómo arrancar de mejor manera la semana? Qué importa que haga frío, viento, o tenga cosas para hacer. Me voy a andar a bicicleta.

90. P.S. I Love You

No, no fui al aeropuerto. Ni yo quería, ni ella quería. Y sí, nos mandamos algunos mensajes más después que la dejé en su casa. Y que todos me pregunten “¿y ahora qué vas a hacer que no está?” tampoco ayuda demasiado. Diría Majo, una amiga, que se vaya al mes de haber empezado a salir es como un asesinato al enamoramiento. Y tiene razón.

Pero… por otro lado, ¿había otra cosa para hacer? No, ninguna. Ella no se iba a quedar, ni yo la iba a seguir, ni nada. Así que ahora a pasar el maldito calendario lo más rápido posible, para que los 84 días se transformen en 30, en 10, en 2.

Por si fuera poco el domingo cuando se fue, por alguna extraña coincidencia del destino, me la pasé solo en casa. Mis padres seguían afuera, y mi hermana aprovechó para escaparse por ahí con su -ahora ya no ex- novio. Así que como venía gente a arreglar unas cosas en casa, me tuve que quedar. Y no fue nada divertido. Por suerte ahora los días son más cortos, la única ventaja para que 80 y tantos días se vayan más rápido.

74. I’ll Follow the Sun

Nunca pensé que fuera tan complicado organizar un viajecito a Brasil con amigos. Primero empezaron los problemas de las licencias, en un principio solo tres podíamos y los otros dos intentarían mover cielo y tierra para tener toda la semana libre. Porque claro, si nos vamos a ir en Turismo, por lo menos aprovechemos todo lo posible, verdad?

Después, empezó el periplo del alquiler del auto. ¿Cómo puede ser que en un país de servicios sea tan complicado alquilar un auto para cruzar la frontera? Pues parece que sí, de hecho solo una rentadora lo permite hacer y pretendía una garantía de 2.500 dólares. Con eso me compro un auto señora rentadora.

Por si fuera poco, faltando pocas semanas para irnos realmente (esto de dejar todo para lo último siempre es medio molesto ya) los dos últimos no pudieron arreglar sus licencias. Madre de dios. La ida en auto se complicó a nivel de costos, más si somos tres. Así que tenemos una reunión de urgencia para decidir qué es lo que vamos a hacer. ¿Y si nos vamos a otro lado? Minga, yo quiero playas, cocos, cha cha cha… Entonces, en una jugarreta inteligente, alguien saca una tarjeta de un amigo, de un conocido, de un vecino, de un primo que trabaja en una agencia de viajes. Todo es medio vertiginoso de más, en pocas horas pagamos los pasajes, y parece estar todo resuelto.

Dos semanas después estamos con los pies en la arena de Floripa, en bus, con cero pensión. Solo tres de los cinco iniciales, casi el doble de dinero, y sin un auto para movernos ahí. De última, rezamos para que no llueva.

71. Drive My Car

Sí, me prendo.

Mi abuelo me enseñó que siempre es bueno decir que sí a los planteamientos; que siempre habrá tiempo después para decir que no. Así que cuando Matías mandó un mail a toda la barra para ver quién se prendía en un viaje a Brasil, lo contesté inmediatamente. Salvo unos primeros días de enero, hasta ahora mi verano se ha visto reducido a mi casa, fundamentalmente por esto de estar operado, no poder hacer demasiado ejercicio, ni fuerza, ni manejar, ni tomar sol… ¿sigo?

Así que bueno, dije que sí. Pero no solo eso, días después me senté en la hamaca paraguaya con la laptop y, mientras sonaba de manera furibunda un tema de UB40, armé todo el viaje. Conseguí precios de autos alquilados, calculé el combustible, la comida, la cantidad increíble de bebida, el alquiler de una casa, etc. Todo redondito. Y lo mandé a los posibles interesados. Dos días después estábamos los cinco que completamos el auto.

Así que a falta de otra fecha, en Turismo partiremos a Brasil. Y que dios se apiade de los brasileros.

52. I’m Just Happy to Dance with You

Después de pasar todo el sábado dando vueltas por la ciudad, saludando parientes, y pasando una buena parte en la piscina del hotel; finalmente nos aprontamos para ir a la fiesta. Baño, traje, corbata, y a disfrutar de la noche. Antes la iglesia, que no es una de mis cosas favoritas. Ahí ya marcamos presencia: entramos y mi primo Nicolás se tropezó con uno de los bancos (seguro que tienen un nombre especial, que ahora no recuerdo) de la nave principal, un bochorno. Desde ese momento, todo Salto sabía que los primos de Montevideo habían venido a la fiesta.

Ya en el salón, la cosa no cambió demasiado. No sé si teníamos alguna especie de señal en la frente o qué, pero resultaba a la vista de todos que eramos los raros del casamiento. Igual los tres, cámara de foto en mano, nos dedicamos a divertirnos solos. Más cuando nos enteramos (sobre todo con Nicolás) que había una especie de canilla libre de Whisky… ventajas de vivir en la frontera. Fotos, caliboratos varios, asado con cuero, música digna de un cumpleaños de 15 de hace 10 años… faltaba poco para que se convirtiera en una noche memorable. Por si fuera poco nos sentamos en la mesa de los jóvenes, junto con mi abuela, sus dos hermanas, y sus dos maridos.

En sí el casamiento no tuvo nada de locura, nada de especial. Grandes pantallazos sobre todo: fotos en la mesa con los platos, chistes a las tías abuelas prácticamente sordas entre el ruido de los parlantes y los gritos, mucho whiscolas, bailando con todo el mundo, haciendo trencitos con “Violeta”, la cara colorada de mi hermana cuando la llamaron para el tema de las ligas, bailando con las hermanas de mi abuela. Y no mucho más.

5.30, totalmente destruídos, nos sacamos una foto con la feliz pareja frente a la torta; y finalmente emprendimos la retirada. Entre el calor, la bebida, el cansancio del viaje, y -por qué no decirlo- la música que tenía mínimo 10 años, nos sentimos superados. Ojo, la fiesta seguía, pero nosotros ya no estamos para eso. Ya no tenemos 21.

50. Any Time At All

Corro, meto, llevo, paso, juego, corro, pego, grito… y finalmente suena la chicharra. Otro partido ganado, aplausos, besos y “buen partido loco” a cada uno. No sé si es que ya no estoy para estos trotes o qué, pero desde hace semanas que la pierna me duele como si tuviera roto un par de huesos. Igual nada de ir al médico, que seguro me encuentra algo. Así que me voy caminando tranquilo por la cancha hasta afuera. Pago mi parte y me quedo con algunos tomando unas cervezas, comentando el partido y algunas cosas sin importancia. La cerveza fría y los cuerpos cansados no son buena combinación, y entre los 6 jugadores y algunas gruppies nos tomamos como 12 botellas.

Nos estamos despidiendo, viendo cómo armamos la vuelta en los autos cuando, desde la otra punta de la cuadra Leandro grita “che… el viernes nos encontramos en lo de Fabi y salimos, ¿verdad?”. Nadie le contesta una oración completa, pero casi todas son positivas. Igual adentro del auto vuelve el tema, de qué a dónde vamos a ir, de que otra vez al bar de Rodolfo no porque nos sale carísimo, que a qué hora nos juntamos…

Y ahí me acuerdo que tengo la oferta del casamiento en Salto. Por un lado, aquello de cruzar todo el país y manejar más de 5 horas para una fiesta no me va demasiado. Pero por otro, a mí los casamientos (y los cumpleaños de 15) siempre me divirtieron.

– Che, yo no sé si voy. Tengo un casamiento, pero es en Salto… mañana les mando un mensaje cualquier cosa
– Opaa… de quién?
– No sé muy bien… creo que es la hija de la hija de la hermana de mi abuela. O algo así. Pero no sé todavía si voy, medio que se me cae un huevo
– Jajaja… no jodas Pabli, dale… andá al casamiento, tomate hasta el agua de los floreros, y rompé la noche. Quizás todavía te volvés con una guachita abajo del brazo.

Miré un segundo por el retrovisor a Virginia, la novia de Diego, que era la que hablaba.

– Se… como si necesitara volverme loquito por una loquita que vive a 600 km de mi casa, ¡yo que no voy al centro por vago!

46. All Together Now

Desde que volví del viaje (en realidad desde antes de emprender mi vuelta, para ser justos con la cronología), no pasa un día en que no piense en volver. Sé que acá tengo muchas cosas interesantes (como algo de mi familia, algunos amigos, conocer un par de chicas más que me dejen por sms, etc.), pero como que las ganas de irme no se cansan de volver. Siempre me sentí muy poco oriental, y muchísimo más latino, más italiano por ejemplo.

Por eso desde que llegué, desde que volví y me instalé en mi viejo cuarto, no hago otra cosa que ahorrar. Sí, claro que salgo y vivo mi vida (que de hecho es bastante más cara quizás que cuando vivía en pareja), pero hay un rincón de la casa que alberga pesos, dólares, y euros, esperando algún día ser juntados para volver a viajar. Y no hablo de viajar y volver. No, las ganas que llegan cada mañana son las de viajar y no volver… claro que a veces se encuentran con el miedo del mediodía y los planes se van al garete. Para la tarde las ganas y los miedos se fueron, y vuelvo a empezar. Un día sí y otro también. Claro que la objetividad prima, y sé que no es el mejor momento como para irme sin nada, que Europa está en la mar de problemas, y que no sobreviría un mes en Londres con mi ahorros. Quizás por eso me quedo. Lo que pasa es que el destino me tienta.

El fin de semana vinieron mis tíos y mi prima a casa, creo que sin razón alguna más que tomar café y comer unas masitas. También se entregaron regalos atrazadísimos de cumpleaños, pero no creo que esa fuera la justificación. El punto es que en la sobremesa mi tía me empezó a preguntar insistentemente por mi viaje, por los gastos que había hecho, por los lugares que había estado. Aparentemente Sofía (mi prima, su hija) tenía una oportunidad para irse con el colegio por un mes de intercambio a Alemania, por el módico precio de 3.000 euros, all inclusive. Y como su regalo de 15 años era un viaje que, todavía, no se concretó, estaban pensando seriamente prenderse en ese intercambio, pero claro… 3.000 euros. Más que suficiente para recorrer mucho más que Alemania. Sobre todo cuando le dije que yo, en mis tres meses, había gastado (teniendo en casi todos los lugares una casa donde quedarme, que generalmente es lo más caro) unos 800 euros.

– ¿Te das cuenta que es más productivo mandarla contigo que pagar el intercambio del liceo este?
– …

Como punto de partida en esa macabra conclusión, toda la familia en la mesa empezó a nombrar los lugares donde tenemos familiares/amigos directos. Alemania, Austria, Italia, España, Inglaterra, Suiza, Suecia, Holanda, Francia… No sé de dónde había tanto entusiasmo por parte de todos, pero en pocos minutos (o en muchos que pasaron rapidísimo) prácticamente teníamos armado el itinerario, los lugares que teníamos que visitar, cuándo más o menos debíamos salir.

– Bueno, todo pronto entonces. Yo hablo con mi amiga, que es la dueña de una agencia de viajes, y le digo que les consiga los pasajes más baratos… ¿alguna fecha en especial Pablo?
– Pues si fuera por mí, en enero está bien
– Perfecto!

Y ahora a atomizar a mí tía para que consiga eso. ¿Será quela segunda es la vencida?