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88. Octopus’s Garden

Sábado de sol. Hace bastantes sábados que el sol no sale, y muchos más que el sol ya no calienta tanto. Igual, para mí es el paraíso, puesto que siempre tengo calor. De cualquier forma, terminé de almorzar con mi familia y dando cualquier excusa muy poco improvisada me llevé el auto. La pasé a buscar y terminamos tirados en el pastito de la sección de Europa del Jardín Botánico.

Entre besos, abrazos, y charlas de cosas sin demasiado sentido, suena el celular. Cecilia -nuestra amiga en común- quiere saber algo de las cosas que van a hacer hoy de noche.

Sí Ceci, es en frente. Y no molestes más que estamos en el Botánico! 🙂

La respuesta no se hace esperar

Pero por qué no se van a la puta que los parió!? Deberían darme las gracias.

Y tiene toda la razón del mundo. Gracias.

87. Run For Your Life

Pablo… seamos claros: yo me voy en 28 días me voy de viaje por tres meses. Ni vos ni yo estamos en poder de prometer nada. No quiero ni que me esperes, ni que esperes que te espere. Sería genial volver y empezar algo, pero son 3 meses. Y yo no quiero lastimarte. Sos, de verdad, la última persona a la que lastimaría.

Natalia… en un espectacular momento para arruinar otras cosas. Fuck timing.

83. I’m Down

Una vez. Dos. Tres. A la cuarta vez que no pudo verme porque tenía unos super planes ya armados, mi cabecita empezó a pensar cualquier cosa. Necesito encontrar algo para hacer, definitivamente. Demasiado tiempo libre hace que piense cosas que no tengo que pensar, o que ni siquiera quiero pensar. Es como el cuento del gato… algún día dirá que sí, que nos juntamos para vernos, y yo la voy a mandar a la mierda.

Pero en un momento hice clic. Y dije basta. Estamos a punto de cruzar el punto de no retorno, en el que estoy metido hasta las pelotas con alguien a quien, paradójicamente, hace días -semanas- que ya no puedo ver. Siempre hay algo, una salida con amigas, una reunión del trabajo, el cumpleaños de no sé quién, un trámite mágico (ah sí, porque con mi buen timming, ella acaba de planificar irse de viaje por tres meses hasta el otro lado del mundo… viva yo!). Y no lo vamos a cruzar ese punto. No, serenity now.

Pablo, relax. Es una chica fantástica, sí claro. Pero no ha pasado nada más que unas cenas, unas salidas a tomar algo, y muchos cientos de sms o charlas en el msn. Así que pongamos las cosas en perspectiva. ¿Me gustaría que fuera otra cosa, empezar a salir, que fuera la próxima señora de Pablo G.? Sí claro, pero las cosas en orden. Así que nada, si no da muestras de interés, medio que por acá habrá quedado todo.

Es cierto, yo tampoco he hecho demasiado para decirle que realmente me encanta. Que no me importa demasiado que viva lejos, que tenga que invertir como dos horas en llegar hasta la casa, tomarme dos ómnibus, ni afeitarme cada vez que la veo (cosas que realmente me molestan). Pero bueno… de eso me deberé hacer cargo yo, y ella de lo suyo.

Así que pasó una semana entera. Una semana que no le pedí para vernos, que no la invité a salir, ni a cenar, ni a nada. Simples conversaciones por msn, y algunos sms (porque tampoco puedo conmigo mismo). Hasta que un día me dijo “¿Querés ir mañana al Jardín Japonés?”. Y me contuve… claro que quiero ir, me muero de ganas de verte, extraño tus pecas y tu sonrisa fantástica. “Dale… creo que mañana no tengo nada, vamos si querés”.

Me levanté, me bañé, me afeité, planifiqué todo mi día para dejar la tarde libre. Un par de clientes querían cosas para la tarde, todo bien… serán para mañana. Igual adelanté todo lo que pude. Miré los horarios del ómnibus y todos eran malos. ¿Y si me voy en el auto? Miré mi billetera y daba realmente pena. Igual me la jugué, y pasé por una estación cerca de casa a ponerle todos mis últimos ahorros en nafta. Era una inversión que sin duda valía la pena.

Con nafta en el tanque, vidrios limpios, y el ánimo renovado salí. Duró 23 metros.

Pablo, no me mates por favor. Pero se me complicó con unos trámites para el pasaporte, y me estoy volviendo loca. Para peor escribieron mal mi nombre y tengo que hacer todo de nuevo. Me molesta muchísimo hacer esto, pero podemos dejarlo para mañana? No me mates!!

72. Every Little Thing

No vamos cumplido un tercio del año, y ya vengo cumpliendo mis propias metas. No solo me compré una guitarra, un afinador, y un estuche; sino que además ya voy por mi tercer clase de guitarra. Yupi por mí! Tiembla Eric Clapton.

64. I Me Mine

Año nuevo, vida nueva. O casi. Sentado con dos amigos en la arena de una playa de Maldonado, llegó el momento de hacer los nuevos planes, una especie de nueva lista de cosas que uno quiere hacer. La clave, como siempre, es no apuntar demasiado bajo (y todo hacerlo antes de los tres meses, sin que queden cosas para el resto del año), ni apuntar demasiado alto (y que nada se pueda cumplir).

Así que, después de meditarlo un poco, la lista quedó más o menos así:

  • Comprarme una guitarra
  • Aprender a tocar la guitarra
  • Que la balanza no pase de 70
  • Un empleo fijo
  • Mudarme (puede ser hasta acompañado y todo)
  • (si se da lo anterior) Encarar con la Tesis
  • Conseguir una chica linda, buena, que viva cerca, que no esté loquita, y hasta que tenga un nombre lindo y todo.

No es mucho… pero no es poco. Veremos qué depara este 2010.

35. Magical Mystery Tour

Hace como dos o tres años robé una idea. No creo que sea algo malo, de seguro hay más ideas dando vueltas por ahí como para que alguien se preocupe por la que yo robé. Además, ni siquiera la usé. ¿De qué se me puede acusar? Leyendo Orsai un día, robé la idea de conocer mis respuestas a lo largo de mi vida. Básicamente hacer un cuestionario de unas 200 preguntas y contestarlas a los 25, a los 50, y a los 75 años. Mi legado. Técnicamente sería el legado de otro, pero el mío a la vez.

Al principio ofrecí el papel de entrevistadora (puesto que sería una cosa grabada, una verdadera conversación con otro y con uno mismo al mismo tiempo, que después debería ser desgrabada y editada) a Lorena. Era obvio. Pero ya ni recuerdo qué dijo, solo que no prosperó.Así que seguí con mi amigo Felipe, que lo entendió al toque. La vida quiso que en realidad no saliera.

No sé ni siquiera cuáles deberían ser las preguntas (“¿qué opinas de las drogas?”, “¿matarías por algo?”, o “¿por qué ese rechazo a las verduras?”); pero sí tengo clara una respuesta: mi vida debería ser una roadmovie. El otro día venía como a las 4 de la mañana por la rambla, volviendo para casa, cuando me di cuenta que podría manejar toda mi vida así, yendo quién sabe para dónde, escuchando música. Esa noche en particular venía escuchando “Burning love” de Elvis. Excelente tema por cierto.

Quién sabe, quizás dentro de 25 años si tuviera que hacer una película de mi vida sería otra cosa. Quizás una de esas en las que actúa Adam Sandler en que conoce a una chica que cancela su casamiento por él, y viven felices y contentos en un barco. O una inglesa, donde parecería estar todo perdido (drogas, alcohol, mujeres y dinero) y automágicamente todo se resuelve: los malos se mueren, y yo me quedo con el dinero. Y ya que estamos con la chica.

Pero por ahora una roadmovie, con la radio del auto a más no poder, y moviendo la cabeza de izquierda a derecha, mientras que el auto se pierde por la carretera. Y funde a negro.
http://www.goear.com/files/sst2/0a712c6e5744f5fbe46ea4acab7acb43.mp3″

7. The fool on the hill

Desde que empezó todo siempre, pero absolutamente siempre, quise que se arreglara de otra manera. Que un día Lorena me dijera que se había equivocado y que no quería dejarme, que dejaba de ver al otro, que seguían en pie los planes del casamiento, que le parecía genial la lista de invitados, etc. Me molesta de sobremanera la inestabilidad y, quizás antes de ella, prefería esa “mentirita” de que todo estaba bien si los dos queríamos.

Por eso, la semana antes de irme de viaje, pensé un millón de cosas para hacer de forma de no cerrar del todo la puerta. Qué sé yo, taradeces, como no podía ser de otra forma… alguna carta, una grabación que encontrara después que me fuera, pedazos de canciones pegados por toda la casa…

Finalmente me decidí por una carta. Siempre me consideré bueno escribiendo (por lo menos mejor que hablando) y en una de esas servía para algo. Tampoco tenía muy claro qué era lo que pretendía -en definitiva era yo el que se estaba yendo- pero bueno, había que probar. Así que utilicé los días que me quedaban para elegir cuidadosamente las palabras, pensar cada oración, idear cada frase. Quería que fuera la mejor carta escrita alguna vez en la historia de la humanidad, y que incluyera todo: reproche, simpatía, duda, cariño, comprensión, odio, y finalmente puertabiertismo.

El viernes (el día antes de mi partida) Lorena se fue a lo de los padres. Era mí momento para redactar todo. Además, ya sabía exactamente cómo debía de ser, así que no me llevaría prácticamente nada de tiempo. Me sentía orgullosode mi futura producción. Pero por cuestiones de logística (primero armé las valijas, lo que me llevó más de la cuenta; después busqué mi pasaporte, lo que parecía importante, etc.) la fui dejando para lo último. A la noche me pedí una comida al delivery y me prometí escribirla a primera hora del sábado, cosa de inclusive controlar al arrepentimiento. Además, me iba a las 12, así que tenía parte de la mañana solo para eso.

Como era obvio, me levanté tarde. Muy tarde. Ya eran pasadas las 10 y tendría como 30 minutos en llegar al aeropuerto, lo cual no me dejaba mucho tiempo. En ese momento me olvidé (como era previsible, por otra parte) de las demoras de Iberia, de averiguar antes de salir, y todas esas cosas que me habían recomendado en la agencia. Primero lo urgente: el taxi. Después lo importante: la carta. Separé las valijas, las hojas del check in, la campera, el pasaporte, los regalos que les llevaba como pago a los que me dejarían quedarme en sus casas, acomodé todo adelante y me senté en la mesa del comedor a escribir.

Lore, …

Había decidido empezar con el diminutivo. Mucho más personal, mucho más lindo. Y justo en ese momento llegó el madito taxi. Nunca habían sido ni tan puntuales ni tan rápidos en su vida. Así que no me dio demasiado tiempo para nada. Pensá, pensá, pensá… me sentía Homero Simpson en ese capítulo en que su “enemigo” Frank Grimes (graimito) llega a su casa y se pone a saltar como desquicidado sin saber qué hacer primero. Mis planes de la mejor carta del mundo se habían ido al carajo. Así que la terminé como pude.

chau.

Sublime.
http://www.goear.com/files/sst2/10c0c6c1b09d10ee07277b56e97e2c84.mp3″