84. I Want To Tell You

Cero expectativas. Así empezó el día después. No sé por qué, pero me levanté demasiado temprano, hice todo lo que había dejado sin hacer en el día de ayer (porque tampoco es que llegué con todos los ánimos para trabajar) e igual estaba de buen ánimo. Un poco de ejercicio, cociné, lavé los platos. Hasta que sonó el celular.

Gracias por lo de ayer. Querés venir hoy al Jardín Japonés conmigo?

Cero expectativas de nuevo. Esta vez no hubo más dinero para la nafta, ni nada. Así que primero me fije si de verdad podía dejar la tarde libre, no iba a volver a suspender todo. Y sí, no tenía nada para hacer. Así que me tomé un ómnibus, y después otro. Y dos horas después llegué a su casa. Bajó, media enfermita y todo estaba preciosa.

Caminamos hasta el Jardín Japonés -que yo no conocía-, nos sentamos y hablamos. De todo y de nada a la vez. Le dí algunas cosas que le podían servir para su viaje (tarjetas del metro, mapas, indicaciones, precios, etc) y cuando empezó a caer el sol nos fuimos. La quise acompañar hasta su casa, y ella me invitó un café, que logré cambiar por un jugo de naranja. Y nos despedimos…

No hay necesidad de decir que obviamente no le dije que me moría por ella, ni que ayer realmente la quería ver, ni lo linda que estaba. Nada. Y me insulté por ello. Por eso, al siguiente domingo, y poniendo cualquier excusa le mandé un mensaje.

Estás en tu casa? tenés algo para hacer?.

La noche estaba preciosa. Es otoño (¿ya es otoño?) e igual sigue haciendo 25 grados. Gracias calentamiento global!. Dimos unas vueltas por ahí y como igual amenzaba con llover, nos quedamos hablando en el auto. La mire… y la mire. No podía sacarle los ojos de arriba.

– Naty… alguna vez pensaste en lo que son las casualidades? Es un “juego” que cada tanto me gusta jugar. El pensar cómo llegaste hasta un lugar, y darte cuenta que, en general, fue todo por una serie de eventos casuales perfectamente sincronizados. Es decir… yo a Ceci la conozco hace pila, ya ni me acuerdo desde cuándo ni bien cómo. Y por ahí me aguantó la cabeza con Lorena, que ella llama Histerix. Lorena la odiaba sin conocerla. Así que no es de extrañar que cuando empecé a salir con Lorena, no vi nunca más a Ceci, ni hablé con ella. Por si fuera poco, y mirá lo que son las casualidades, Ceci empezó a salir con un conocido mío, al que no le gustaba nada que me conociera ella a mí. Y así estuvimos distanciados por años. Hasta que un día, ya ni me acuerdo cuándo ni cómo nos encontramos de nuevo. Yo sin Histerix, y ella sin él. Y hablamos. Y un día ví una foto de vos con ella de sus vacaciones, y le dije que te quería conocer. Y acá estamos…o sea, muchas cosas podrían haber pasado para que no te conociera. Que yo ya no me acordara del msn de Ceci, que me hubiera quedado en España en vez de volver, que Ceci no hubiera dejado con aquel idiota, qué sé yo.. Un pequeño detalle y no te hubiera conocido. Y hubiera sido una especie de tragedia…

– Ay Pablo, tampoco la pavada!

– … y hubiera sido una especie de tragedia porque me gustás, y mucho. No, mentira. No es que me gustás… me encantás. Me encanta cómo sos, vos físicamente en general, pero también las particularidades. Tus pecas, tu pelo, tu labio inferior que cuando estás resfriada -como ahora- queda… no sé, extraño. Y dan ganas como de morderlo. Pero me encantás mucho más por cómo sos, por cómo te reís, de las cosas de las que te reís, que seas despistada pero que sepas guiarme por las calles, por cómo te gustan los niños y los perros, por cómo siempre te tropezás o tirás algo, por cómo hablás demasiado alto, o a veces me hacés repetir dos o tres veces las cosas porque, en general, no me estabas dando demasiada bola. O por cómo siempre tenés frío, o miedo a los abejorros, o que tu comida favorita sean las pastas, o porque te emocionás con casi todo, y que te entusiasme una cosa hoy y mañana no, y te frustres porque los planes no salen como lo querías, y poder ayudarte, y ver cómo te vuelve esa sonrisa maravillosa a tu cara. Y bueno… nada, eso. Vos sabés que soy mejor hablando que otras cosas… Y sé que mi timing es inmundamente malo, porque vos te vas de viaje ahora nomás y nada… pero no podía no decirtelo.

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3 Respuestas a “84. I Want To Tell You

  1. y que paso??? ella te besó?? vos la besaste??

    che, conta todo!!! no dejes las cosas asi en el aire… tus lectores quieren saber!! 😉

    besos!

    • Barb!!

      te extrañaba!! cómo es eso de que te accidentaste!?? (no sabés lo que me costó leer todo en portugués 😦 ) Mañana si puedo te hablo y me contás bien.

      Me besó? la besé? Lealo en el próximo capítulo… había que encontrarle un buen final, y quizás este lo sea.

  2. Che. Hay que cambiarle el nombre a todos. Gil! 😛

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