81. Getting Better

Hay cosas que son completamente incompatibles. El dulce de leche y las cosas saladas, las pizzas y las anchoas, la lluvia y la ropa nueva (para no poner todo de comida!).  La autoconfianza y yo.

Ceci me pregunta cómo es que en tan poco tiempo me enganché tanto con Natalia. Y es que… ¿cómo no hacerlo? Si somos objetivos es preciosa, físicamente hablando. Y siendo subjetivos también, claro. Sí, es cierto… tiene los peores emoticones del universo cuando conversamos por el msn, y además nunca pone los tildes. Pero es que su especie de dislexia digital (se equivoca de letras prácticamente cada vez que escribe) es casi amorosa. La hago reír y eso es fantástico, porque tiene una risa hermosa. Y es buena, cómica, simpática, no está para nada loquita… entonces, ¿cómo no engarcharse tan rápido con ella?

Claro, el problema, como no podía ser de otra forma, soy yo. Que no puedo mirarla medio fijo a los ojos sin ponerme colorado. Ni hablemos de besarla… simplemente no puedo, no sé. Es cómo que… eso, no supiera hacerlo. No hay caso. La invito a cenar, la pasamos genial, nos reímos, ella llama a la moza a los gritos, yo me pongo colorado, ella se ríe mucho más, la llevo hasta su casa. Y nada. Y chau, hablamos después.

Y después 45 minutos de viaje hasta casa lamentándome. Miento. Mucho más. Son esos 45 minutos más todos los días de la semana en que no la veo, y que me juro y me rejuro que cuando la vea le parto la boca. Y que lo que tenga que venir, venga.

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