54. Don’t Bother Me

Finalmente se terminó la semana más social del mundo. Hacía tiempo que no tenía tantas cosas para hacer, en tan poco tiempo. Después de volver del casamiento de mi prima en Salto el pasado lunes, me dediqué a terminar algunas cosas que tenía pendientes del trabajo. El problema es que la semana me quedaba extremadamente corta: primero, aprovechando el lunes que fue feriado, me quedé lo más que pude en Salto -a pesar del calor-; y al mismo tiempo esta semana me volvía a ir por cuestiones de trabajo el viernes de madrugada, así que se transformó en una semana de 3 días.

En el medio, dos cumpleaños, partidos de fúbtol, demasiado trabajo a contrareloj, y algunas cervezas escuchando música celta. Todo para que el viernes volviera a viajar por Uruguay. Así que me apronté y viajé a Rocha, llevando todo preparado para el casamiento de Ale. Odio cargar cosas en las manos, y nunca me molestó tanto cargar mi traje esos tres días. Como era obvio, el calor sigue brillando por su ausencia, así que ni siquiera puedo decir que aproveché las playas atlánticas. Por si fuera poco, a punto de dormirme el viernes, suena mi celular. De la nada, y con varias semanas de atraso, se dignó a contestar.

Pablo, lo estuve pensando y… pasó el tren. No funcionó y no tengo idea, ni ganas de salir contigo de nuevo. Espero que me entiendas. Nos vemos en el casamiento. Bs

El mensaje de Luciana no tenía demasiado sentido. Oks, no digo que tenga que aceptar mis salidas en tiempo (aunque tomarse unas semanas para responder a veces también se entiende como una respuesta). Pero… ¿qué necesidad de contestar? Y además, ¿qué necesidad de contestar eso? No es que me afectara en sí de quien venía el mensaje, pero no puedo negar que tampoco estoy contento de la vida de que la gente diga que no me quiere ver. El poco amor propio que tengo me lo reclama así. Por supuesto, ni respondí: el sueño paga mucho más.

Así que llegó el gran día. De Rocha a Montevideo, y de Montevideo a la otra punta del país, donde Ale había elegido casarse. Llegué relativamente temprano y, como era de esperar, mis compañeros de habitación ni siquiera estaban. Así que hice el check in y me acosté a dormir un rato. Como a las 6 de la tarde me levanté, y entré a preocuparme por seguir solo en el cuarto: en dos horas era la fiesta y ni señales de mis compañeros de facultad con los que había arreglado compartir el hotel. Igual, dejar hacer, dejar pasar. Me bañé, me afeité, me puse mi hermoso traje negro con mi maravillosa corbata negra (puedo decir que es una de las pocas cosas de las que me siento orgulloso), y bajé al lobby a esperar al resto de mis amigos para ir al salón.

El casamiento bien. Reencuentro con amigos que hacía mucho tiempo que no veía, rica comida, mucha bebida. No quiero decir que con un par de compañeros nos robamos la fiesta, porque quizás sería demasiado. Pero que seguro quedaremos en el registro fotográfico, no hay dudas. Bailando el YMCA con unas veteranas, o haciendo el trencito con Violeta. Sublime. Cerca de las 6 de la mañana llegaron las benditas camionetas que nos llevarían de vuelta al hotel, que resultaron geniales: sobre todo por el estado en que estábamos todos. Así que llegué al hotel, pedí la llave, y me arrastré hasta mi cuarto.

Digresión: no sé por qué, pero últimamente me están pasando cosas extrañas con los cuartos compartidos: siempre me quedo solo. Es extraño. Algo pasa siempre que termino solo en el cuarto. Y esta vez no fue la excepción: ninguno de mis dos compañeros apareció, así que volví a terminar solo en el cuarto de tres camas. El azar quizo que pudiera sacarme los zapatos y el saco sin problemas, y me desmayé en la cama. Segundos antes de efectivamente dormirme, siento vibrar mi bolsillo.

Me encantó bailar contigo. Me gustaría mucho también que bajaras a la hab. 5…

Puedo decir que sí, que estaba muy cansado y con demasiado alcohol en mi cuerpo. Por lo que tuve que leer el mensaje más de una vez. Ah, los casamientos y las bebidas hacen cosas maravillosas en las personas. Así que tomé coraje y aire, y le contesté el mensaje a Luciana.

Lu, lo estuve pensando y… pasó el tren. No funcionó. Espero que me entiendas. Bs

Porque sí, podría haber terminado yendo a la habitación número 5 (en el caso de que, en mi estado, pudiera encontrarla) y de seguro no iba a ser nada malo, al fin y al cabo el sexo casi siempre es bueno. Pero la sensación de masticar la victoria, sobre todo a las 6 de la mañana, es prácticamente insuperable.

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5 Respuestas a “54. Don’t Bother Me

  1. jajajajaja
    la venganza es un plato que se come mejor frío.
    me encantó
    chapón para vos

  2. gracias, gracias…

  3. Jaja buena crónica de casamiento. Y nada, a la muchacha en cuestión: que se trague las palabras.

  4. jajaja
    el orgullo toma coraje con el alcohol, ahora?
    igual en todo eso tiene que haber algo del 2%

    pabla y eve me tienen abandonada… no se vale! : (

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