16. You Can’t Do That

Desde llegué cambié radicalmente mis hábitos. Salía miércoles, jueves, viernes, y sábados… no es que me había vuelto un alcohólico, pero estaba casi que a la vuelta de la esquina. Aunque eso no era lo que más me preocupaba: lo que verdaderamente me sacaba de mis casillas era la cantidad de plata que estaba gastando. Salir nunca fue barato, quizás por eso dejamos de hacerlo cuando nos mudamos juntos con Lorena. No daban las cuentas. Pero bueno, necesitaba esa especie de duelo creo.

Tampoco es que todo fueran salidas de locura, destrucción y alcohol… hay de todo, como en la viña del señor. El sábado fue una de esas. Cumplía Ale, una compañera de facultad y, como era obvio, no me esperaban. No solo porque no creo que estuvieran del todo seguras que yo ya estaba de vuelta, sino porque había faltado sistemáticamente a todas las celebraciones similares. Así que fui toda una sorpresa. Saludos, vino excelente, historias de amigos, cigarros. Música.

No sé en qué momento se desvirtuó el cumpleaños, pero pasó. Me cuesta -sobre todo estando sobrio- bailar, por aquello de la timidez y elementos similares. Pero en determinado momento de la noche me sacó a bailar. A Luciana la conocía desde hace tiempo ya, era amiga de Ale desde no sé cuánto y alguna que otra vez creo que la había llevado hasta la casa. Bajita, morocha, con una boca perfecta. En un momento salió de la “pista” y se acerca Micaela (hermoso nombre por cierto) explicándome la situación (¿?).

– Pablo, te voy a explicar cómo es. Yo me caso en un mes y estoy armando las mesas del casamiento.
– ¿Felicitaciones?
– Gracias… a lo que iba: con Lu me quedan las mesas impares, y no quiero que ésta me caiga con un peludo inmundo. Así que, como favor te pido, ponete las pilas. Una especie de regalo de casamiento…

No puedo creer que en los ojos se me note tanto la soledad. U otra palabra que no sea desesperación, porque la verdad que justo en este momento no entra en mi Top Ten de palabras preferidas. Por otro lado, tampoco era cuestión de ir dejando a los próximos recién casados con una mancha en su casamiento, ¿verdad?

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3 Respuestas a “16. You Can’t Do That

  1. ¿las mesas impares son de mala suerte para los novios?

  2. Pues todo parece indicar que así lo es… asumo que en esos momentos no se quiere tentar a la suerte, no dorothy?

  3. Pingback: 45. I’m a Loser « Tocando fondo… o casi

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