4. The end

La siguiente semana fue totalmente piscotrópica. El lunes pagué entero el préstamo (uff, una cosa menos) y crucé la calle a Agencia de Viajes. Después de haber comprado el pasaje de ida (vuelta abierta), volví a casa. En lo de mis padres no me podía quedar porque estaban haciendo unos arreglos en la casa; y sobre todo porque técnicamente no les había contado todo. No sé por qué, pero en el momento de explicar todo no me salía la parte de que era un cornudo. Así que conté que nos estábamos tomando un tiempo, y bla bla bla… Nunca fui bueno mintiendo, y ésta vez no fue diferente.

Así como estaban las cosas, y a una semana de irme de viaje, no tenía sentido irme a lo de algún amigo (lo que implicaba mover algunas de mis cajas), por lo que en realidad me quedé en casa como si todo siguiera casi normal. Yo me levantaba y Lorena ya no estaba, y en la noche yo salía a alguna despedida con amigos. La situación se empezó a volver media bizarra cuando Lorena quiso pedirse unos días en la oficina para pasar tiempo en casa antes de que yo me fuera definitivamente. La culpa puede hacer cosas asombrosas. Como cuando un día vino con pantalones y buzos: “allá seguro que hace frío, y tu ropa da lástima”.

Fue ahí cuando, en algún momento, me pregunté si no estaba actuando de forma equivocada. Es decir… todos podemos cometer errores, ¿no? ¿Estaba actuando un poco apresurado?

http://www.goear.com/files/sst4/680c62fa4759f90d1968a26e193f96db.mp3″
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