3. Hello, goodbye

El domingo de noche Lorena volvió de donde se estuviera quedando. Si me hubiera avisado seguramente me hubiera ido antes; pero justo es reconocer que le habría costado: su celular seguía destruído, partido en dos, tirado en el piso. Ya no hacen las tapitas como antes creo.

Prácticamente ni hablamos. Ella llegó con cara de perro mojado esperando -creo- hablar, pedir perdón, el discursito no sos vos soy yo, soy mala gente… o algo similar. Y, sinceramente, a mí me interesaba realmente poco todo eso. Así que aproveché la oportunidad para ir a visitar a mis padres y, en definitiva, explicar un poco el panorama. Aunque cuando me estaba yendo saltó lo inevitable.

– Te vas? Pensé que podíamos hablar, creo que tenemos que hablar, no?
– No “tenemos que”, “vos tenés” que es diferente… dale, de qué querés hablar?
– No sé Pablo, no seas así… es obvio que tenemos problemas, pero yo no quiero que quede todo mal
– No tenemos problemas. Tenés problemas
– Te conozco hace más de 10 años gordo, y así es como va a terminar?
– Las acciones traen consecuencias, deberías saberlo.

Y cerré la puerta. No sé si era mi falta de oratoria o el hecho de que afuera lloviera como condenado, pero obviamente mis palabras nunca terminaban de darme la satisfacción que yo quería en ese momento. ¡Para peor había dejado mi iPod adentro! Bueno, en otra será; y me fui caminando a lo de mis padres.

http://www.goear.com/files/sst/b21a7c9a133fc64091ef124de6a0175e.mp3″
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