1. Magic Moments

Fue una de las peores “caminata-pienso” que pasé. En realidad no sabía demasiado en qué pensar tampoco. Nadie piensa en eso de que las responsabilidades y/o las culpas son de los dos: eso solo lo puede pensar alguien que está en otra posición. Pasé por la puerta de un supermercado y me compré una cerveza chica. No había aclarado nada en realidad, y para ser cerca del mediodía del “viernes negro” no sabía muy bien cómo seguir.

¿Se suponía que ahora teníamos que sentarnos a hablar?, ¿qué tenía que escuchar?, ¿qué quería escuchar? Por un lado me sentía caliente (mucho más que dolido por ejemplo); pero por otro medio que la vida se me descalabraba. Hacía un año nos habíamos comprado una casa hermosa, la habíamos adornado y pintado, nos habíamos ido a vivir juntos comiendo fideos casi todas las noches porque apenas llegábamos a fin de mes. Claro… como todas las parejas teníamos su momento, pero tampoco estábamos tan mal.

Volví a casa todavía sin saber cómo reaccionar, aunque con la claridad suficiente como para saber que había más o menos dos salidas posibles: intentar arreglar como fuera posible la situación (¡inclusive asumiendo responsabilidades y culpas que en el fondo sabía que ni siquiera eran mías!), o terminar de pudrirla e irme con un poquito de orgullo. Sin definirme, me tiraba mucho más a la opción 1.

Justo es decir que todo había pasado demasiado rápido. Pero que, además, tenía un miedo enorme de volver a empezar. Se suponía que tenía que volver a lo de mis viejos? (a buena hora me vengo a quedar sin ingresos fijos!), intentar conocer a alguna que tuviera un apartamento para compartir? volver a conocer a alguien?. Solo un enfermo de 26 años puede cuestionarse la soledad. Soy esa clase de enfermo.

Entraba en casa cuando sonaba el teléfono y, sin necesidad de más datos, resultaba predecible que era Lorena. Sobre todo por el increíble número de llamadas que aparecian tintineando en el contestador: 15. A cada no llama nadie, ni siquiera por error.

– Dónde estabas Pablo? Te estuve llamando y no estabas
– Qué querés?
– Quiero hablar contigo
– Andate a la mierda

En ese mismo instante se fue al carajo la opción 1. Nada de recomponer nada: el insulto me había salido de lo más profundo, casi que con odio. Así que corté el teléfono y me mandé para la compu a escribir un mail. Vi el celular violeta literalmente destruído y me entraron ganas de romper algo más; así que agarré el disco Eco, de Drexler (“Me lo regaló mamá” me había dicho… mamá si, cómo no) y lo dejé como si fuera una lijadora. Eco es lo que se va a escuchar ahora.

from Pablo G. <pablitog@gmail.com>
to Lorena <trolademierda
@gmail.com>
subject: Ni por asomo
mailed-by gmail.com

Asumo que es claro que ni te asomes por casa a la salida del trabajo. Aprovechá para hacer cosas más interesantes como comprarte un nuevo celular y discos de música.

Pablo

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