Tocando fondo… o casi

56. It’s All Too Much

Noviembre 20, 2009 · Dejar un comentario

Mientras que sigue la búsqueda infructuosa de la Mujer Maravilla (no es joda.. abrieron un grupo de búsqueda y todo. Esto se está yendo de mambo. Porque además si algún día la encuentro lo primero que le voy a decir es “Perdón!”), la semana pareció acomodarse. Volví a recuperar los días enteros, con mañanas incluídas -aunque algunas se me quejen de que ya no las acompaño más en las madrugadas-; a trabajar, a mandar currículums, a mandar presupuestos, a andar en bicicleta.

El lunes me encontré con Inés, una compañera de la facultad. Desde hace tiempo estaba saliendo con una persona que no le servía. Pero claro, ¿quién se la juega y le dice que el que está saliendo con ella es un imbécil? A veces nadie. En este caso, casi todos. Y optó por él y no por nosotros. El tiempo nos dio la razón, y el jueves antes del casamiento de Alejandra se separó. Alegría para todos. En la fiesta, mientras bailábamos, me contó algunas cosas no muy buenas de él, y que quería mudarse pero que no podía porque andaba media endeudada (pagando las cuentas de él digamos). Así que bueno… le ofrecí mis ahorros. Y allá se fue mi viaje, por lo menos hasta marzo del año que viene. Es que para eso están los amigos, ¿verdad?. Así que el lunes nos vimos, le di el dinero, hablamos un rato, y admiramos como nuevamente el clima se ponía loco. Cuando me iba me dice:

- Che, nos vemos el sábado en el cumpleaños de Luciana, ¿verdad?
- Bueno… no tuve el placer de ser invitado creo.
- ¿Seguro?, mirá que mandó un mail a mucha gente invitándo. Fijate bien
- Estoy casi seguro, pero me fijo
- ¡Andá a saber qué le hiciste!

O qué no le hice. Detalles de la vida asumo. Martes y miércoles -clasificación de Uruguay incluída- fueron casi normales. Mucho trabajo, los ojos cuadraditos de mirar la pantalla, y no demasiado más. Hasta que Claudia -una especie de compañera de trabajo virtual- me llama por el msn.

Claudia dice:
Pablo… cómo andás loquito?
Pablo! dice:
Bien de bien ¿y vos Clau?
Claudia dice:
Estresadísima!!… che, perdoná que te moleste. ¿Qué tenés para hacer el miércoles que viene?
Pablo! dice:
Clau… deberías saber que es imposible que pueda planificar con tanta antelación! Es decir, quizás sí tengo cosas, pero ya me las olvidé : ) Por? A qué me estás invitando?
Claudia dice:
porque bueno, finalmente llegó la fecha
Pablo! dice:
la fecha? QUÉ FECHA?
Claudia dice:
el miércoles que viene nos casamos con Martín! No te voy a llevar la tarjeta, pero si querés te la mando por mail, si?

Como muchos dicen por ahí, el guionista de arriba se está tomando esto como una jodita para VideoMatch o algo similar. Vamos, es hora de ir cortando con esto de los casamientos. Sobre todo porque dos horas después (quizás menos, quizás más… esto de no usar reloj no ayuda tampoco) el guionista volvió a revolver la herida.

Claudia dice:
che, perdón que te joda de nuevo y que pregunte pero… ¿vas acompañado? Perdón, pero es que los del salón me preguntan por la cantidad exacta de gente
Pablo! dice:
Pues no, por el momento no puedo decir que vaya acompañado. Ahora, si llego a encontrar a la Mujer Maravilla te pego el grito
Claudia dice:
: D

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55. Got To Get You Into My Life

Noviembre 16, 2009 · 9 comentarios

Les discutí hasta el cansancio a Leandro y a Virginia que la pintura no iba a funcionar, pero no hubo caso. Así que marché a la fiesta de disfraces con la cara pintada de blanco. No creo que hayan pasado 25 minutos dentro de la fiesta, cuando se me empezó a correr toda: demasiado calor. Yo no sé por qué la gente no me hace caso de primera.

Igual, con mi traje violeta causé sensación. Y aunque iba con las expectativas relativamente bajas -la noche anterior había sido complicada y las ganas de salir se me habían evaporado. Solo iba porque ya había pago la entrada-, la verdad es que nos divertimos montones. Porque, como dijo una amiga, las fiestas de disfraces tienen ese plus: sos un personaje. Así que de golpe la gente se sacaba fotos con nosotros, o nos felicitaba (o al menos yo entendí que nos felicitaban).

No todos los días se puede bailar de la mano del señor Bomba, de Jesús, de una jugadora de fútbol a la cual dejaría que me hiciera todos los goles que quisiera, a varias de los 101 dálmatas, o con aproximadamente 150 de los 300 espartanos.Hermoso. Ecléctico. Hermoso de nuevo. Cerca de la hora de la partida la vi. Ella iba bailando entre todos con su capa roja, pasando entre la gente. Fantástica. Igual a los 15 segundos la perdí de vista, y en vista que tanto Leandro como Vicky se querían ir, abandoné toda esperanza.

Así que llegué a casa, me saqué la pintura, y me acosté un rato. Al otro me puse a descargar las fotos (sobre todo teniendo en cuenta eliminar aquellas que serían definitivamente un bochorno) cuando la volví a ver. Hermosa. Yo no había sacado esa foto -porque era en el baño de las mujeres… y no recuerdo haber entrado-. El problema es que, obviamente, no sé nada. Tampoco, siendo justos, creo que hubiera sabido algo si me la cruzaba en la fiesta y le intentaba hablar. Pero lo cierto es que no sé nada, ni su estado civil, si es de este país, si habla español, si es mala (qué va… seguro que no). Ni siquiera si tiene un nombre que mi cerebrito acepte finalmente.

Solo sé que me enamoré de la Mujer Maravilla, y que ahora no me la puedo sacar de la cabeza.

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54. Don’t Bother Me

Noviembre 13, 2009 · 5 comentarios

Finalmente se terminó la semana más social del mundo. Hacía tiempo que no tenía tantas cosas para hacer, en tan poco tiempo. Después de volver del casamiento de mi prima en Salto el pasado lunes, me dediqué a terminar algunas cosas que tenía pendientes del trabajo. El problema es que la semana me quedaba extremadamente corta: primero, aprovechando el lunes que fue feriado, me quedé lo más que pude en Salto -a pesar del calor-; y al mismo tiempo esta semana me volvía a ir por cuestiones de trabajo el viernes de madrugada, así que se transformó en una semana de 3 días.

En el medio, dos cumpleaños, partidos de fúbtol, demasiado trabajo a contrareloj, y algunas cervezas escuchando música celta. Todo para que el viernes volviera a viajar por Uruguay. Así que me apronté y viajé a Rocha, llevando todo preparado para el casamiento de Ale. Odio cargar cosas en las manos, y nunca me molestó tanto cargar mi traje esos tres días. Como era obvio, el calor sigue brillando por su ausencia, así que ni siquiera puedo decir que aproveché las playas atlánticas. Por si fuera poco, a punto de dormirme el viernes, suena mi celular. De la nada, y con varias semanas de atraso, se dignó a contestar.

Pablo, lo estuve pensando y… pasó el tren. No funcionó y no tengo idea, ni ganas de salir contigo de nuevo. Espero que me entiendas. Nos vemos en el casamiento. Bs

El mensaje de Luciana no tenía demasiado sentido. Oks, no digo que tenga que aceptar mis salidas en tiempo (aunque tomarse unas semanas para responder a veces también se entiende como una respuesta). Pero… ¿qué necesidad de contestar? Y además, ¿qué necesidad de contestar eso? No es que me afectara en sí de quien venía el mensaje, pero no puedo negar que tampoco estoy contento de la vida de que la gente diga que no me quiere ver. El poco amor propio que tengo me lo reclama así. Por supuesto, ni respondí: el sueño paga mucho más.

Así que llegó el gran día. De Rocha a Montevideo, y de Montevideo a la otra punta del país, donde Ale había elegido casarse. Llegué relativamente temprano y, como era de esperar, mis compañeros de habitación ni siquiera estaban. Así que hice el check in y me acosté a dormir un rato. Como a las 6 de la tarde me levanté, y entré a preocuparme por seguir solo en el cuarto: en dos horas era la fiesta y ni señales de mis compañeros de facultad con los que había arreglado compartir el hotel. Igual, dejar hacer, dejar pasar. Me bañé, me afeité, me puse mi hermoso traje negro con mi maravillosa corbata negra (puedo decir que es una de las pocas cosas de las que me siento orgulloso), y bajé al lobby a esperar al resto de mis amigos para ir al salón.

El casamiento bien. Reencuentro con amigos que hacía mucho tiempo que no veía, rica comida, mucha bebida. No quiero decir que con un par de compañeros nos robamos la fiesta, porque quizás sería demasiado. Pero que seguro quedaremos en el registro fotográfico, no hay dudas. Bailando el YMCA con unas veteranas, o haciendo el trencito con Violeta. Sublime. Cerca de las 6 de la mañana llegaron las benditas camionetas que nos llevarían de vuelta al hotel, que resultaron geniales: sobre todo por el estado en que estábamos todos. Así que llegué al hotel, pedí la llave, y me arrastré hasta mi cuarto.

Digresión: no sé por qué, pero últimamente me están pasando cosas extrañas con los cuartos compartidos: siempre me quedo solo. Es extraño. Algo pasa siempre que termino solo en el cuarto. Y esta vez no fue la excepción: ninguno de mis dos compañeros apareció, así que volví a terminar solo en el cuarto de tres camas. El azar quizo que pudiera sacarme los zapatos y el saco sin problemas, y me desmayé en la cama. Segundos antes de efectivamente dormirme, siento vibrar mi bolsillo.

Me encantó bailar contigo. Me gustaría mucho también que bajaras a la hab. 5…

Puedo decir que sí, que estaba muy cansado y con demasiado alcohol en mi cuerpo. Por lo que tuve que leer el mensaje más de una vez. Ah, los casamientos y las bebidas hacen cosas maravillosas en las personas. Así que tomé coraje y aire, y le contesté el mensaje a Luciana.

Lu, lo estuve pensando y… pasó el tren. No funcionó. Espero que me entiendas. Bs

Porque sí, podría haber terminado yendo a la habitación número 5 (en el caso de que, en mi estado, pudiera encontrarla) y de seguro no iba a ser nada malo, al fin y al cabo el sexo casi siempre es bueno. Pero la sensación de masticar la victoria, sobre todo a las 6 de la mañana, es prácticamente insuperable.

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53. Free As A Bird

Noviembre 6, 2009 · 5 comentarios

No soy especialmente bueno para las fechas. De hecho hay muchas veces que sé más o menos cuándo pasó (fue en enero del 2002, julio del 97, verano de la década de 1990). Pero hay fechas que quedan marcadas. 20 de enero, 8 de enero, 12 de octubre, 7 de noviembre de 2008.

Y frente al mar voy a recordar lo que no fue,
pero espero encontrarlas otra vez alguna vez
casi las tuve en un abrazo a las dos,
pero no hubo lugar para el amor de a tres

Yes. El 7 de noviembre del año pasado empezó todo. O más bien terminó todo. Algo todo. Algunas amigas me siguen diciendo cada tanto que en realidad a veces sigue siendo demasiado pronto, y que uno también tiene que aprender a estar solo. Claro que tengo mis rabietas, que entiendo que el ser humano es un ser gregario por naturaleza, y que no quiero a veces aprender a estar solo. Es como aprender a llorar, a sangrar, a pasar hambre, a que te peguen y que no te dejen moretones. ¿Quién puede querer, en su sano juicio, aprender esas cosas?

No tengo corazon pero te digo la verdad,
las mellizas eran lo mejor de la ciudad,
hubiera sido lo mas triple que se puede pedir

Un año ya. Parezco un viejo quejándose de que el tiempo cada vez pasa más rápido y, sin embargo, para mí pasó extremadamente lento a veces. Y si tengo que hacer un análisis, la verdad es que podría haber sido peor. Podría no haber viajado nada, y terminado en Rocha cruzándome constantemente con recuerdos caminantes, o peor: con los recuerdos que todavía no llegaron. Lorena podría no haberse mudado a lo de su madre, y cruzármela cada vez que vaya al supermercado, o en el bar, o en la parada del ómnibus. Podría no haber tenido un grupo de amigos digno de alcohólicos anónimos, que me ayudara a salir otra vez, a reírme a carcajadas por las calles de Montevideo, a discutir sobre las pecas y las pelirrojas.

No basta con vivir,
quiero mi parte de Victoria y Soledad.
Estoy buscando algo que no voy a encontrar,

a Victoria y Soledad cuando se van.
Un año de Victoria y Soledad
Un año…

Además se termina el 2009, fin de año está a la vuelta de la esquina. Me lo repite Diego, cada vez que hablamos sobre el trabajo y me dice que en los supermercados hace como un mes que ya están acomodando los turrones. Así que intento hacer mis propias promesas para el próximo año: o recompongo finalmente mi vida o me voy a recomponerla a otro lado. Ahorros casi que tengo, ganas no me faltan. Me vendría bien un compañero. Una compañera mejor.

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52. I’m Just Happy to Dance with You

Noviembre 5, 2009 · 3 comentarios

Después de pasar todo el sábado dando vueltas por la ciudad, saludando parientes, y pasando una buena parte en la piscina del hotel; finalmente nos aprontamos para ir a la fiesta. Baño, traje, corbata, y a disfrutar de la noche. Antes la iglesia, que no es una de mis cosas favoritas. Ahí ya marcamos presencia: entramos y mi primo Nicolás se tropezó con uno de los bancos (seguro que tienen un nombre especial, que ahora no recuerdo) de la nave principal, un bochorno. Desde ese momento, todo Salto sabía que los primos de Montevideo habían venido a la fiesta.

Ya en el salón, la cosa no cambió demasiado. No sé si teníamos alguna especie de señal en la frente o qué, pero resultaba a la vista de todos que eramos los raros del casamiento. Igual los tres, cámara de foto en mano, nos dedicamos a divertirnos solos. Más cuando nos enteramos (sobre todo con Nicolás) que había una especie de canilla libre de Whisky… ventajas de vivir en la frontera. Fotos, caliboratos varios, asado con cuero, música digna de un cumpleaños de 15 de hace 10 años… faltaba poco para que se convirtiera en una noche memorable. Por si fuera poco nos sentamos en la mesa de los jóvenes, junto con mi abuela, sus dos hermanas, y sus dos maridos.

En sí el casamiento no tuvo nada de locura, nada de especial. Grandes pantallazos sobre todo: fotos en la mesa con los platos, chistes a las tías abuelas prácticamente sordas entre el ruido de los parlantes y los gritos, mucho whiscolas, bailando con todo el mundo, haciendo trencitos con “Violeta”, la cara colorada de mi hermana cuando la llamaron para el tema de las ligas, bailando con las hermanas de mi abuela. Y no mucho más.

5.30, totalmente destruídos, nos sacamos una foto con la feliz pareja frente a la torta; y finalmente emprendimos la retirada. Entre el calor, la bebida, el cansancio del viaje, y -por qué no decirlo- la música que tenía mínimo 10 años, nos sentimos superados. Ojo, la fiesta seguía, pero nosotros ya no estamos para eso. Ya no tenemos 21.

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51. Day Tripper

Noviembre 2, 2009 · 6 comentarios

Finalmente con una serie de pedidos de mi hermana, y argumentos de nula solidez por parte de mi primo (como “el que no va a salto es puto”), me incliné por el casamiento. Llegué el viernes como a las 10 de la noche a mi casa, me bañé, y saqué mi hermoso traje negro del placard. Camisa, corbata, zapatos, una muda de ropa para cambiarme después, y no mucho más. Así que como a la 1 de la mañana me acosté, esperando dormir un poco antes que Nicolás, mi primo, me pasara a buscar.

Impuntual como siempre, Nico llegó a eso de las 6 de la mañana; por más que habíamos pseudo planificado salir a las 4. Detalles. Cargamos todo en el autito verde esperanza y arrancamos. 3 cuadras después paramos: era necesario poner nafta. Lavamos los vidrios, inflamos las gomas, cargamos nafta, y arrancamos. 5 minutos después volvimos a parar: che, ¿y si compramos unos bizcochos para el camino? No estoy seguro, pero creo que invertimos medio tanque de nafta buscando una panadería abierta a esa hora, al punto que terminamos comprándolos en la misma estación donde habíamos cargado nafta al principio. Finalmente, cerca de las 7 de la mañana estábamos en la carretera como dios manda.

Como mi hermana no tiene libreta de conducir, nos dividimos los tramos con Nico, mientras que mi hermana ejercía su puesto de copilota. Salvo en algunos momentos donde fue insultada con toda razón, tengo que decir que la selección musical estuvo casi que acorde: algo de punchi punchi (cómo me gusta la versión remixada de Shimauta), algo de Elvis, algo de los 4 fantásticos, algo de La Vela, un poco de punk… bien de bien. Paramos en algún parador en el medio de la nada a tomar jugo de naranja, coca cola y estirar las piernas, y encaramos el último tramo al grito de “tooooca buitres y el cielo puede esperar”.

Cerca de la 1 de la tarde llegamos a Salto, lo cual representaba toda una aventura porque… bueno, digamos que no había carteles que dijeran “casa de los parientes que vienen a visitar – 1km”. Así que algunas llamadas telefónicas después, encontramos la bendita casa. Saludos varios, muchos “hay qué grande que estás”, algunos “pensar que la última vez que te ví eras así”, y muy pocos tirones de los cachetes: ya no tenemos 13 años. No había muchas ganas de almorzar, y además el calor salteño digamos que te quita las ganas de todo, así que cuando las anfitrionas fueron a rendirle honores a Morfeo, nosotros salimos a saludar al resto de la familia, en especial a la que se casaba.

Demasiado calor hace en Salto, pero en la tierras de las naranjas eternas es imposible sentirse mal. Cuando llegamos, el ritual de saludos se repitió más o menos igual. Nos sentamos un momento a hablar, hasta que con Lucía -la futura esposa con sus malditos 21 años- nos encontramos en la cocina. Tres comentarios boludos (no sé, supongamos que hace unos… 8 años que no la veía) y después me tiró:

- Viste, te dije que te iba a ganar. Yo cumplo mi palabra.

Para cualquiera no tiene sentido la frase. Pero es que la historia es así: hace aproximadamente 8 años mi hermana festejaba su cumpleaños de 15. Vals, bicho bicho de Los Fatales, y fotos con parientes que después emigraron. Entre estos parientes -aunque no emigraron- estaba Lucía y su familia, obviamente. Ella, una purreta de apenas 13 años, me sacó a bailar más de una vez, en las que conversamos de varias cosas. En una me preguntó si tenía pareja, y le dije que no.

- Pero tengo claro con quién me voy a casar. Con ella – y señalé a Lorena, que bailaba con un vestido que dejaba toda su espalda -y su tatuaje- descubierta.
- ¿En serio? Bueno, espero que me invites. Igual te prometo que yo me caso antes.
- Jajaja… bueno, espero que me invites también.

Maldita pendeja. 8 años después se viene a acordar de una promesa vacía en un cumpleaños de 15. La buena memoria debería estar prohida. O por lo menos perseguida.

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50. Any Time At All

Octubre 28, 2009 · 9 comentarios

Corro, meto, llevo, paso, juego, corro, pego, grito… y finalmente suena la chicharra. Otro partido ganado, aplausos, besos y “buen partido loco” a cada uno. No sé si es que ya no estoy para estos trotes o qué, pero desde hace semanas que la pierna me duele como si tuviera roto un par de huesos. Igual nada de ir al médico, que seguro me encuentra algo. Así que me voy caminando tranquilo por la cancha hasta afuera. Pago mi parte y me quedo con algunos tomando unas cervezas, comentando el partido y algunas cosas sin importancia. La cerveza fría y los cuerpos cansados no son buena combinación, y entre los 6 jugadores y algunas gruppies nos tomamos como 12 botellas.

Nos estamos despidiendo, viendo cómo armamos la vuelta en los autos cuando, desde la otra punta de la cuadra Leandro grita “che… el viernes nos encontramos en lo de Fabi y salimos, ¿verdad?”. Nadie le contesta una oración completa, pero casi todas son positivas. Igual adentro del auto vuelve el tema, de qué a dónde vamos a ir, de que otra vez al bar de Rodolfo no porque nos sale carísimo, que a qué hora nos juntamos…

Y ahí me acuerdo que tengo la oferta del casamiento en Salto. Por un lado, aquello de cruzar todo el país y manejar más de 5 horas para una fiesta no me va demasiado. Pero por otro, a mí los casamientos (y los cumpleaños de 15) siempre me divirtieron.

- Che, yo no sé si voy. Tengo un casamiento, pero es en Salto… mañana les mando un mensaje cualquier cosa
- Opaa… de quién?
- No sé muy bien… creo que es la hija de la hija de la hermana de mi abuela. O algo así. Pero no sé todavía si voy, medio que se me cae un huevo
- Jajaja… no jodas Pabli, dale… andá al casamiento, tomate hasta el agua de los floreros, y rompé la noche. Quizás todavía te volvés con una guachita abajo del brazo.

Miré un segundo por el retrovisor a Virginia, la novia de Diego, que era la que hablaba.

- Se… como si necesitara volverme loquito por una loquita que vive a 600 km de mi casa, ¡yo que no voy al centro por vago!

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49. Long, Long, Long

Octubre 26, 2009 · 7 comentarios

A vos, sí a vos te estoy hablando. A vos, que un día la vida te trajo a mí blog porque buscaste en google las palabras “ver fotos de chicas morochas pelo largo”… a vos te quiero decir que justo, justo, justo diste con la persona equivocada. Ni fotos, ni chicas, ni morochas.

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48. When I’m Sixty-Four

Octubre 22, 2009 · 6 comentarios

Tengo mis problemas, no puedo negarlo. Igual tanto bombo hollywoodense y literario, me hacen creer que mis problemas, mis taras, son hasta adorables en algunos momentos. Además de la ya conocida de los nombres (que es real, no puedo salir con una chica que se llame, no sé… Yanina. Es más fuerte, perdón), y la de los celulares que algún día contaré, tengo un grave problema de memoria. Gravísimo. Tan grave que, generalmente cuando alguien llama a casa el diálogo es más o menos así:

- Hola
- Buenas noches, ¿se encuentra María Noel?
- ¿De parte?
- De Ismael, el hijo de la doctora Raquel Domínguez
- A ver, dame un segundito..

- Mamá… es, no sé, el hijo de una doctora amiga tuya. ¿La doctora Rodríguez?

Eso se ve agravado por el hecho de que, además, si bien tengo una agenda buenísima, no la uso. Por el contrario anoto todo en papelitos que, obviamente, pierdo todo el tiempo. Mi (mala) memoria entonces, se encarga de hacerme pasar sufrimientos innecesarios. Claro, los que me conocen valoran mucho más mis acuerdos (que te llame en tu cumpleaños, que me acuerde de algo que dijiste, que te regale algo que alguna vez me dijiste que te gustaba, etc.).

Ayer miraba el informativo cuando hablaban de que la Terminal de Tres Cruces estaba hasta las manos, la gente se peleaba por pasajes que ya no habían, las compañías ponían más transportes, y ya decían que muchos se quedarían sin viajar. Claro, las elecciones son el domingo. Infelices. Me reí de todos aquellos que procastinan. Hasta que me di cuenta que yo tenía que viajar el jueves al interior, y obviamente todavía no había sacado el pasaje. ¡Yo y mi memoria! Así que hoy me levanté, y lo primero que hice fue llamar a la Terminal. “No estamos reservando pasajes”, me contestó una señora. Bien, empezamos mal. Me bañé, averigué los horarios de mis ómnibis, busqué plata por todos lados, y me preparé psicológicamente para cruzar media ciudad y pelearme con medio Montevideo por un pasaje de ómnibus. En el medio suspendí mil cosas que tenía pensado hacer de tarde, reuniones, cortes de pelo, trabajos. Sabía que me iba a llevar demasiado tiempo este asuntito de la terminal.

Pero 15 segundos antes de salir de casa y enfilar para la parada de ómnibus, me entró la duda. ¿Es este jueves o es el jueves que viene que tengo que ir? No, no… tiene que ser este, si cambié el partido de fútbol de todas las semanas porque yo me iba de viaje. Tiene que ser este. ¿Es este? Así que a riesgo de perder el ómnibus que me iba a llevar a la terminal, volví a mi cuarto y me puse a buscar entre todos los papelitos que tengo el que tiene anotadas las fechas de mis viajes al interior. La lista del super, no. La lista de cosas que tengo que hacer para un trabajo, no. Una cuenta matemática de no sé qué, no. La dirección de algo, no. Una lista de números de colores, no. Una lista de temas que escuché y me quiero descargar, no. Fecha de viajes al interior, sí. ¡Sí!

Efectivamente no viajo este jueves, sino que la semana que viene. Eso se está volviendo peligroso. Y no quiero ni saber qué voy a hacer cuando tenga 64. Menos si sigo solo y nadie me banca mi problema adorable.

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47. Everybody’s Trying to be My Baby

Octubre 19, 2009 · 10 comentarios

Macarena es de esas personas que no podés no querer. Es tan inocente que no quererla se hace dificilísimo, y como en general soy medio vago, ni lo intenté. Así que desde 3ero. de liceo nos llevamos bárbaro, aunque a veces con diferentes tipos de distancia. Como por mayo un día me llamó que se iba de viaje y que quería preguntarme unas cosas, así que por supuesto que acepté y nos fuimos a almorzar por algún lado. Me contó que su psicólogo la había animado a finalmente viajar sola, que había arreglado con el liceo (sí, porque Maca es profesora, como no podía ser de otra forma) para conservar su trabajo el año que viene, y que en unos días se largaba a recorrer Argentina y Bolivia, para después cruzar finalmente el charco y visitar todo lo que pudiera de Europa. Y entonces la ayudé con todo lo que pude, con mapas, con las tarjetas del metro, con una lista de lugares a los que no podía faltar, a los que podía faltar, y a los que yo no había ni llegado a ir.

Finalmente casi 6 meses después volvió a Uruguay, así que para no perder la costumbre de cerrar círculos, la invité a almorzar por algún lado de Montevideo. El calor acompaña mucho más, y a mí me hace salir bien cada tanto de mi casa para pensar que, efectivamente, no soy un huraño. Y hablamos de un montón de cosas,  de los viajes, de lo bien que hacen, de lo mal que hacen, de lo que se ríen los europeos con nuestros sueldos, de lo magníficos que son los italianos, de lo cosmopolita que son algunas ciudades como Roma, Barcelona o Londres (a pesar de que, mientras decíamos esto, al lado nuestro habían unos americanos comiendo con unas españolas). De lo lindo que es Madrid, de los casamientos por el pasaporte comunitario (nota mental: empezar a evaluar la opción)…

Hablamos por horas, literalmente. Al punto de que el restaurant (creo que está sobrevalorada esa palabra… más bien es un “lugar para comer”) empezó a cerrar, a entrar las mesas, a dejar todo limpio para el próximo horario. Qué más da. Con Maca no tenemos la misma situación, aunque subjetivamente estamos los dos medios destruídos: después de viajes maravillosos damos como un paso atrás para vivir con nuestros padres (yo no tengo un peso, ella le debe algo de dinero a conocidos que ayudaron a solventar su viajecito), y vemos con un poco de miedo lo que queda por venir. Ninguno de los dos es plenamente optimista sobre el tema.

Le pregunté si el viaje finalmente había servido (todos los viajes tienen un propósito… e irte 6 meses por el mundo tiene que tener uno realmente importante);  y me aseguró que sí.

- ¿Y vos?, ¿cómo estás?
- Pues en realidad bien… me gustaría estabilizarme, avanzar. Me he autoimpuesto el año que viene como meta, o resuelvo mi vida y salgo de nuevo de la casa de mis padres, o no resuelvo nada y me voy a vivir la vida a Europa.
- Ufff… ¡ni me lo digas! ¡Además éste es el momento!, porque después vas a conocer a la chica que te de vuelta y vas a dejar todo por el camino… te conozco.
- Bueno sí… pero es justificado, ¿verdad?
- Puede ser… ¿pero estás bien?, digo… estando solo, o querés estar con alguien
- Maca, vos me conocés… yo soy un tipo “parejístico”.

Y entonces le cambió la cara

- ¡Genial! Porque tengo alguien para presentarte
- Jajajaja… no Maca, no. Eso no funciona. Después no sale bien y siempre queda algo mal con los amigos, con vos
- No, no… pero ella es divina
- Oks… ¿cómo se llama?
- Errr… Mercedes. No, no pongas esa cara… sé que tiene un nombre medio extraño para tus taras, pero todo el mundo le dice Meche y eso es re lindo
- Jajaja… bueno, puede ser sí. ¿Y cómo es?
- Es divina, vive cerca de casa, es salvavidas y profesora de natación. Pero ojo… yo le dije que vos eras quizás demasiado para ella. Para que no se agrande tampoco. Las mujeres somos todas medias perras, así que viene bien bajarle un poquito los humos

Se viene el verano, y empezó la temporada de “tengo alguien para presentarte”. Están todos avisados.

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